La Inquisición y el Temple

A primera hora del viernes 13 de octubre de 1307, los templarios residentes en Francia fueron arrestados por oficiales del rey Felipe IV en nombre de la Inquisición. Ese día marcó el principio del fin de la Orden del Temple, institución religiosa y militar creada en Tierra Santa en 1119 y que gozó durante dos siglos de grandes privilegios eclesiásticos y jurídicos.

¿Pero quién eran los agentes de la Inquisición y cómo funcionaban?

Para entenderlo debemos remontarnos al origen de la institución, la denominada “inquisición episcopal”, que surge en el Concilio de Verona de 1184, bajo el papado de Lucio III. En dicho concilio se procedió a excomulgar a una lista de sectas heréticas, entre ellas el catarismo, y a todas aquellas personas que predicasen sin la autorización de la Iglesia.

Dicho documento es utilizado como base para crear los primeros tribunales eclesiásticos en el Concilio de Letrán de 1215 bajo el patrocinio del papa Inocencio III. El papa quería atajar la herejía que se expandía por toda Europa de forma rápida y drástica y por ello nombró diversos legados papales que recorrieran los territorios cristianos con ayuda de los poderes civiles para poner freno a una situación que se le escapaba de las manos. Además de operaciones militares brutales como la Cruzada Albigense contra los cátaros, la consigna era buscar y perseguir a los herejes allí donde se encuentren.

No obstante, para limitar los poderes de los inquisidores, verdadero poder paralelo que solo respondía ante el papa, se convocan varios concilios. De esta forma se pretendía evitar campañas tan brutales como la del dominico Roberto Le Bougre, conocido como el Martillo de los Herejes, que en el norte de Francia ejecutó y quemó a 183 en un solo juicio.

La Bula de Ad Extirpanda

Aunque no es hasta el 15 de mayo de 1252, cuando el papa Inocencio IV publica la bula Ad Extirpanda que la Inquisición adquiere un marco legal y un carácter organizado y sistemático. Entre otras, solo pueden pertenecer a la misma los dominicos y los franciscanos en régimen especializado y profesionalizado, y se aprueba el uso de la tortura (canon 25) como método para obtener la confesión del sospechoso. Ahora bien con limitaciones que son que no cause muerte o mutile al reo, que sólo se use una única vez contra él y que el inquisidor tenga evidencias claras de su culpabilidad. En cualquier otro caso, en teoría la tortura queda terminantemente prohibida. En la misma bula se recordaba a los príncipes y señores feudales la necesidad de ayuda para luchar contra la herejía.

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La Inquisición como herramienta de Poder Político

En este sentido, hay que tener en cuenta que la Inquisición medieval nunca hubiera dispuesto de los recursos suficientes, del personal adecuado o de la logística correcta para llevar a cabo su tarea con la gravedad requerida sin el papel del poder temporal de reyes y príncipes. Y curiosamente dicha dependencia económica sirvió en muchos casos a dichos gobernante como es el caso de Felipe IV de Francia, conocido como el Hermoso, que la apoyará sin reticencias, para lograr sus fines políticos.

Así, si bien la Inquisición fue creada por el papado, en Francia era controlada por la monarquía, y más tarde con el Absolutismo, cuyo régimen prepara justamente Felipe IV, acabó convirtiéndose en su policía política. Gracias a ella, el rey tuvo el instrumento perfecto para llevar a cabo el expolio del Temple. Si la expansión de la herejía había sido una de las principales preocupaciones del siglo XIII, convertir la impopularidad del Temple, tras la pérdida de su último bastión importante en Tierra Santa, la ciudad de Acre, en “depravación herética” fue una tarea para la que los consejeros de Felipe el Bello, dirigidos por el abogado Guillermo de Nogaret, estuvieron especialmente bien dotados. Las herramientas de tortura estaban listas y las confesiones de los templarios fueron servidas con el oro del Temple.

En este contexto Ramon Llull fue uno de los franciscanos que participaron en la atención y juicio a los detenidos, siendo que el personaje estuvo muy implicado en la búsqueda de una solución favorable a los intereses de reconquista de Tierra Santa, en particular, mediante su propuesta de unificación de las órdenes militares. Debe además recordarse que años antes se fraguó una amistad entre nuestro personaje y el último Gran Maestre de la Orden del Temple, Jacques de Molay, cuando este último le salvo de un envenenamiento, pero esa es otra historia.

 

Acompañadnos a una historia épica, acompañadnos a LULLIUS.

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